28 mar. 2012

9 comentarios:

Stefan Zweig por Berta Vias Mahou, por Efraím dijo...

"En la vida, los destinos están casi siempre separados: quienes comprenden no son los ejecutores, y quienes actúan no comprenden"

Una interesante acción quirúrgica en que el escritor con su escalpelo distingue, dicho en términos más "aburridos": teoría y acción.

Ambas confluyeN cuando se dan esos momentos mágicos en que se genera un INSTANTE.

pau dijo...

Preciosa cita, gracias.

Victor dijo...

Hay una frase mejor con la que estoy mas de acuerdo: "Oigo y olvido, veo y recuerdo, hago y comprendo." Hago y comprendo, uno realmente entiende algo cuando lo hace.

Efraím dijo...

Sí, por eso.
Uno realmente "entiende algo" en esos momentos mágicos en que confluyendo teoría y acción, se genera un INSTANTE: "Hago y comprendo"

(Recuérdese el caso de Bateson cuando comenta cuando aprendió a hacerse el "lazo" de los cordones de los zapaticos)

Victor dijo...

O mas cercano todavía cuando el profesor Romeo decía "la química entra por la muñeca" un entiende realmente química cuando uno la vive. Se aplica a todo.

Efraím dijo...

Sí, muy interesante su química, muy vero su acerto, muy acertada su práctica, pero "nos cagó 5to Año" (sniff) (mentira...! Pero era amarrrrgo..., ¡Qué será de un Romeo sin su Julieta, ¨¡puéh eso!).

El lazo eurékico que se hizo Bateson es el del moño, no de los zapaticos.

Gregory Bateson dijo...

... es bastante fácil reconocer los momentos en los cuales todo marcha mal. Resulta mucho más difícil reconocer lo mágico que tienen los momentos en que todo marcha bien, e ingeniarse para inventar aquellos momentos es prácticamente imposible. Uno puede crear una situación en la cual el momento podría ocurrir o manipular la situación para que el momento no pueda ocurrir. Uno puede desconectar el teléfono o evitar que las relaciones humanas prosperen, pero hacer que las relaciones humanas prosperen os extremadamente difícil.
Aquí hay cuestiones tipológicas, tanto de la tipología de Jung como de la tipología budista. Hay personas que congenian más con una visión taoísta del mundo y otras que congenian más con una visión orientada a la acción. Y quizás estas últimas tengan una mayor capacidad para generar lo que ha de sucederles a los demás. No lo sé. Siempre compruebo que si trato de hacerlo, lo hago mal.
Ustedes saben que hay cosas que a las personas como yo las estremecen. Hay personas que ponen tiestos de plantas sobre el radiador de la calefacción y eso es simplemente mala biología. Y supongo que, finalmente, la mala biología es el mal budismo, el mal zen y un ataque a lo sagrado. Lo que trato de hacer es defender lo sagrado, evitar que se lo coloque sobre el radiador de la calefacción, que se lo maltrate de un modo semejante. Y creo que es algo que puede lograrse sin violencia. Por ejemplo, recuerdo cuando era niño en Inglaterra y tenía unos ocho o nueve años y por primera vez debía anudarme el moño. Por alguna razón, no había allí nadie a quien pudiera pedirle ayuda, de modo que hice el moño, pero éste me quedó en forma vertical. No sé cuántos de ustedes intentaron alguna vez atarse un moño. Volví a intentarlo y otra vez el moño me quedó de cabeza. Entonces tuve una ocurrencia que aún considero uno de los mayores logros intelectuales de mi vida. Decidí hacer en el primer nudo una pequeña torcedura de modo que el moño ya no quedara vertical sino horizontal. Lo hice y ¡funcionó! Nuniv. volví a meditar sobre aquello desde entonces, ¡pero aún puedo repetir la pequeña monstruosidad cada vez que me veo obligado a hacerme un moño! Ahora bien, ¿qué había aprendido yo? Aprendí a hacerme un moño, sí, pero también aprendí que es posible pensar problemas tales como atar una corbata, hacer un bizcocho y otros semejantes. También aprendí que una vez que uno descubrió cómo se hace algo, puede volver a hacerlo sin tener toda la jerigonza en la cabeza; yo ya había ideado un ardid para hacerlo.
Pero desde el punto de vista espiritual y estético nada vuelve a ser igual que la primera vez, pues entonces toda la mente y todo el alma estaban comprometidas en la tarea de pensar cómo hacerlo. Cuando lo logré hubo un momento de integración. Saludos, muchachos

Gronriano Madona dijo...

Observemos que en la respuesa de Gregory, se encuentra, casi en el centro de la misma, el numen y esencia del tema transado en estos comentarios:

¡ "Entonces tuve una ocurrencia que aún considero uno de los mayores logros intelectuales de mi vida !

Ahora bien, ¿qué había aprendido yo?

...
aprendí que es posible pensar problemas tales como atar una corbata, hacer un bizcocho y otros semejantes"


Nótese que vincula el pensamiento, la teoría (“pensar”, nos dice) con el hacer (atar, cocinar, etc.).

Y cierra:

También aprendí que una vez que uno descubrió cómo se hace algo, puede volver a hacerlo sin tener toda la jerigonza en la cabeza; yo ya había ideado un ardid para hacerlo.

Esto último nada en las mismas aguas, vuela en los mismos aires que le hiciera decir a Nietszche, “Todo hábito hace nuestra mano más ingeniosa y nuestro genio más torpe”

Y el momento de integración, y el carácter único de tal momento, es lo que nos trae Efraím al hablar de “la magia”.

LÓV

pau dijo...

Gracias muchachos queridos por tan generoso términos, feraces y pródigos sean sus vástagos y sigan participando.